Te piden un documento «escaneado» y no tienes escáner. La salida obvia es hacerle una foto, y el resultado suele ser malo: torcido, con sombra, amarillento y pesando ocho megas. No es culpa del móvil, es que hay cuatro cosas que nadie te cuenta.
La luz es el 80 % del resultado
El error universal es ponerse justo debajo de la lámpara: tu propia sombra cae sobre el papel. Y el segundo, usar el flash, que quema el centro de la hoja y deja las esquinas oscuras.
Lo que funciona: luz de día, cerca de una ventana, con el papel de lado a la ventana y tú de espaldas a ella o en perpendicular. Si es de noche, dos fuentes de luz desde lados opuestos, nunca una sola encima. Y el flash, apagado siempre.
Un truco que cambia mucho: pon el documento sobre una superficie de color contrastado —una mesa oscura si el papel es blanco—. Ayuda a que el móvil calcule bien la exposición y a que se vean los bordes.
Encuadra desde arriba, no desde el asiento
La foto tiene que salir desde arriba y en paralelo al papel. Si la haces sentado, en diagonal, el documento sale en forma de trapecio y se nota muchísimo.
Ponte de pie, el móvil justo encima del centro de la hoja, y acerca hasta que el papel ocupe casi todo el encuadre dejando un dedo de margen. Ese margen importa: sin él es fácil comerse una esquina.
Si tu cámara tiene cuadrícula, actívala y alinea los bordes del papel con las líneas. Es la forma más rápida de no salir torcido.
Toca para enfocar y espera
El enfoque automático a veces se agarra a la mesa en vez de al papel. Toca la pantalla sobre el texto para forzar el enfoque, y espera medio segundo a que se estabilice antes de disparar. Si el texto es pequeño, comprueba la foto ampliándola antes de pasar a la siguiente hoja.
Y no uses el zoom digital: acércate tú. El zoom digital solo recorta y emborrona.
Haz las fotos en orden y no te fíes de la memoria
Fotografía las hojas en el orden en que van, de la primera a la última, sin saltarte ninguna «que ya la haré luego». El móvil ordena por hora, así que si respetas el orden al hacerlas, luego el PDF sale solo.
Con documentos a doble cara, la costumbre más segura es: anverso, le das la vuelta, reverso, y a la siguiente hoja. Si haces primero todos los anversos y después todos los reversos, te espera un rato de recolocar páginas.
Convertirlas en un PDF
Ya con las fotos hechas, pásalas a un solo documento con JPG a PDF: cargas todas, compruebas el orden arrastrando las miniaturas si hace falta, eliges A4 con margen estrecho y descargas. Todo ocurre dentro de tu navegador, así que las fotos —que muchas veces son de un DNI, una nómina o un parte médico— no se suben a ningún sitio.
Si alguna hoja salió tumbada, rotar PDF la endereza y el giro se guarda dentro del archivo. Y si el PDF final pesa demasiado para enviarlo, comprimir PDF lo baja mucho, porque un documento hecho de fotos es justo el caso donde la compresión rinde.
Los cuatro errores que se pagan después
- Recortar demasiado justo. Si te comes el borde del sello o de la firma, el documento puede no valer.
- Fotos en blanco y negro puro. Parece más «de escáner», pero se pierden matices y los sellos de color dejan de distinguirse. Deja el color.
- No revisar antes de cerrar el PDF. Mira las miniaturas: una hoja movida o mal enfocada se ve al instante y volver a hacerla cuesta diez segundos.
- Mandarlo a 8 MB por hoja. Comprímelo antes; quien lo recibe te lo agradecerá y muchos correos lo rechazarían.